Política – mayo 2026
Muchas personas en Alemania se enfrentan a enormes barreras cuando necesitan asistencia sanitaria. Especialmente afectadas son las personas sin hogar, los refugiados y las personas en situación de pobreza, así como los homosexuales, las personas sin seguro médico o los discapacitados. Es la vida cotidiana. Nuestro sistema sanitario es un reflejo de nuestra sociedad: la discriminación estructural divide a las personas en valiosas e inútiles. El plan de austeridad de la ministra de Sanidad de la CDU agravará aún más esta situación.
Se favorecerá a quienes tengan un seguro privado. A los pobres o a los que no hablan alemán se les tratará mal o no se les tratará en absoluto. Las personas sin seguro médico activo o que reciban prestaciones de solicitantes de asilo sólo recibirán una parte mínima -si es que reciben alguna- de la ya insuficiente asistencia.
Y, sin embargo, se cierran farmacias, se reducen tarifas, se cancelan terapias y se aumentan los copagos, porque todo es demasiado caro y, por tanto, hay que ahorrar.
¿Pero quién se aprieta el cinturón? No los ricos. Ni las empresas. Son las personas las más afectadas en nuestra sociedad. Y con nosotros, las organizaciones e iniciativas que colectivamente intentan reducir al menos un poco las enormes lagunas del sistema con apoyo solidario.
La salud se ve afectada, por ejemplo, por el aumento de los alquileres, los bajos ingresos, la precariedad laboral, el racismo, la hostilidad queer y la pobreza en la vejez. Los tratamientos, el acceso y las medidas preventivas determinan la duración y la calidad de nuestras vidas. Sabemos que la pobreza y la discriminación nos enferman. En nuestro trabajo diario, vemos las consecuencias prácticas cuando las leyes, las instituciones y las narrativas de derechas marginan y devalúan sistemáticamente a las personas y los políticos recortan la financiación en los sectores sanitario y social. Vemos a diario el reflejo brutal de nuestra injusticia social.
Alemania es extremadamente rica. Todas las personas que viven en Alemania podrían recibir la atención que necesitan. Podría...
Pero en lugar de invertir en una asistencia sanitaria adecuada y, por ejemplo, financiar centros sanitarios solidarios, el dinero se gasta en armamento y en regalos fiscales para los superricos. La infrafinanciación de la sanidad no es casual: es políticamente intencionada. No se trata de si el Estado gasta o no mucho dinero, sino de dónde lo gasta y en quién.
Nosotros decimos: ¡Basta ya!
No pedimos y ya no pedimos - ¡exigimos!
Exigimos una financiación fiable y a largo plazo para nosotros y para todas las demás iniciativas de asistencia sanitaria solidaria.
Exigimos que no sólo se traten los síntomas, sino que se aborden las causas sociales y se ofrezca un apoyo orientado a las necesidades.
Exigimos policlínicas en todos los barrios.
¡Y exigimos un cambio fundamental de las condiciones sociales!
La salud es un derecho humano. Y los derechos humanos se aplican a todos, ¡no sólo a los que pueden permitírselo! No hay falta de dinero. Falta una distribución justa de la riqueza. Y, sobre todo, falta voluntad política.
Así que nos toca luchar juntos por un cambio social vital. Una sanidad adecuada no es un privilegio, ¡es un derecho humano!